En la secundaria, teníamos un equipo de fútbol que se llamaba "La Pandilla". Utilizamos un uniforme basado en el de Monterrey en esa época (93-94), nadie era fan del Monterrey, creo que a nadie le gustaba siquiera el nombre de nuestro equipo. Todos teníamos entre 12 y 14 años, pero nos inscribieron en una liga sin límite de edad. Jugábamos contra equipos de obreros y maquiladores, el rival más ilustre que recuerdo es el de la pollería Síson Pollos.
-
No sé por qué pero recuerdo esa época como la transición en el deporte entre jugador de fútbol y futbolista profesional. Antonio Mohamed y German Martelotto tienen algo que ver. El primero es el último jugador de barrio que recuerdo que marcó una época en nuestra liga. Gordo, campechano, bromista, con el cabello decolorado. Nada más le faltó ganar un título, la única final que jugó aquí con el Toros Neza la perdió por goleada contra Guadalajara. El segundo nunca hizo nada importante, nunca pareció importarle mucho.
-
Mohamed no era gordo ni rubio cuando llegó a México. La culpa de los kilos de más la tuvieron los Gansitos, los pastelitos cubiertos de chocolate y rellenos de crema, créalo quien quiera creerlo.
-
Los primeros seis partidos de "La Pandilla" los perdimos por más de diez goles. Hubo un acuerdo secreto entre el resto de los equipos de la liga para no meternos más de 7 goles por partido de ahí en adelante, para que no dejáramos de ir. Los árbitros no nos marcaban faltas en contra ni fueras de lugar, nos dejaban hacer todos los cambios que quisiéramos. La única vez que amonestaron a uno de nuestros jugadores fue por mentarle la madre a otro de nuestros compañeros.
-
Martelotto no ganó nada, ni siquiera me acuerdo de un gol de él. Era descuidado, jugaba como por casualidad. En realidad, no me caía mal, sólo parecía constantemente confundido, como si no se decidiera a divertirse.
-
La carrera de Mohamed terminó a la inversa de la de muchos futbolistas. Sus últimos días como profesional fueron en los que se le veía más atlético, más delgado, más fuerte. Nunca jugó peor.
-
Hay un antecedente de "La Pandilla": las retas en la cancha de cemento de la unidad Santa Fe. Recuerdo con mayor claridad y cariño los partidos nocturnos a cuarenta goles que llegamos a jugar ahí que cualquier pequeña hazaña (como anotar un gol) de las que conseguimos jugando contra los Síson Pollos.
-
Cuando pienso en Mohamed y Martelotto, los imagino en esa cancha de cemento, de regreso en casa, imaginando el gol más bonito del mundo.
sábado 5 de julio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentarios:
Es generacional. Mejor dicho, es un rasgo en la personalidad de algunos de esa generación: recordar y admirar al gordo Mohamed. Fue muy dura esa final frente a las chivas. Cuando terminó, todos supimos que aquello no volvería a ocurrir.
Sin saberlo, surfimos porque esa idea de pasársela campéchano, disfrutar de la vida, era derrotada una vez más por la bobería que suelta la tradición convencional: el gusano Napoles anotó sus únicos cuatro goles. Creo que escribiré un post al respecto.
Publicar un comentario en la entrada