Una noche un lobo una mujer

Al fin conocí a Daniela. Es muy bonita, vino el sábado con Héctor.
Dóminic, dijo, hola, Dóminic. Le gustan las guitarras, está bien.
Quiero ir a la playa, dormir ahí. Creo que a Daniela le gustaría.
Necesito salir de casa, he estado teniendo estos sueños. No sé si son sueños, no veo nada pero la luz no está apagada ni estoy ciego. No veo nada porque no hay nada. Escucho muchas cosas. No sé qué son. A veces suenan como látigos, a veces como máquinas, a veces como viento adentro de una casa muy grande y vacía. Lo peor es cuando siento hormigueo debajo de las uñas.
Daniela está sentada en la arena. Héctor abre una fruta con su cuchillo y me da náuseas. Quiero hacer algunas canciones y hablar de esto mañana. Ahora quiero dormir y Daniela me cuenta una historia. Es acerca de cuando lo hizo con un desconocido en el baño de una gasolinera, me pone triste. Todo lo que dice huele a orina, diesel y grasa. Quiero tomar.
Héctor juega con un cangrejo, lo tiene en la mano, lo hace caminar y retroceder, lo mira y no parece que esté feliz o enojado. Hablamos de música, Daniela no está, hace mucho que no está.

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