Esto es lo que mató a Bukowski

Dos hombres en Tijuana llevan un auto negro en dirección opuesta a la frontera. En la cajuela hay tres perros muertos. Los tres son blancos y grandes, llevan collares caros. Lo son, no lo fueron, estas cosas no han cambiado con su muerte.

- ¿Viste esa nube?
- No, ¿se parecía a algo?
- Sí, a una máquina de las que tienen en las fábricas donde maquilan ropa.
- No las conozco.
- Mi hija trabaja en eso, son grandes y siempre huelen a aceite.

Duermen en el coche, uno en el asiento del pasajero y el otro en el de atrás. Ambos tuvieron el mismo sueño: en una playa, un grupo de adolescentes juegan fútbol (hombres y mujeres), una niña de pelo rubio le tiene miedo al balón y se acerca al hombre (los dos, que, en su respectivo sueño, son quien fueron a los quince años), recargando la espalda en su pecho. El sol que ilumina el partido es el mismo que los despierta sobre la carretera.

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