Oh, mi dulce hermano


Pocas cosas me emocionan tanto como volver a escuchar una voz. Dos o tres de las historias que he escrito tienen que ver exclusivamente con eso, aunque estén disfrazadas de otra cosa. Es algo sexual, en parte. Antes pensaba que sólo me estimulaba el simulacro de detective: unir palabras, silencios, ruidos, otras conversaciones. Descubrir algo, grande o pequeño: un accidente de auto reciente, una larga y dolorosa separación, una fantasía insatisfecha. Luego me di cuenta de que el juego existía sólo para prolongar la sensación de reencuentro lo más posible.

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En las malas historias de detectives: al final, el villano piensa que ha engañado al héroe haciéndolo creer que su plan era XXXX, sin embargo, el héroe ha sabido todo el tiempo que el verdadero propósito de su enemigo era YYYY, al descubrirlo, el villano se vanagloria de su ingenio por haber diseñado la estrategia ZZZZ, aunque no cuenta con que el sidekick del héroe tenía sus sospechas al respecto y logra detenerlo.

Lo inconveniente de que uno sea tan mamón con eso de las malas historias es que es incapaz de aceptar cuando alguien quiere XXXX, uno insiste en que el argumento del universo es estúpido y termina maldiciendo el increíble ingenio de un perro que ladra porque tiene hambre.

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La sonrisa es un regalo. Ha llovido casi todos los días, J. Espero que te guste y que también estés mojado en alguna parte.

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Now playing: The Flaming Lips - Take Me Ta Mars
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