Durante un verano
te seguí al infierno.
Había un refrigerador
lleno de envases abiertos de yoghurt,
el pasillo infinito de artículos para mascotas
de un supermercado,
dos o tres puertas
pintadas con crayón en las paredes.
Para pasar el rato, hacía esculturas
con los pedazos de jabón
que encontraba en el lavabo
y luego las veía deshacerse bajo la regadera:
copias monstruosas de La Piedad,
actrices que recordaba fumando solas en la cama
iluminadas por la luz noble
de las siete de la mañana,
pistolas automáticas de 9 milímetros.
Había también la respiración
de un animal gigantesco
(lo imaginé como un oso polar)
que me despertaba durante la madrugada
y nada más.
El Pez dorado está escuchando: I'm Finding It Harder to Be a Gentleman de The White Stripes
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