El perro me olvida
mientras duerme.
Cuando despierta,
puedo ver en sus ojos
la misma confusión
de la gente en fiestas
que no sabe si nos hemos visto antes.
Me gusta prolongar este momento:
él espera indeciso
antes de arriesgar
la lengua o una pata hacia mi cara.
Tal vez ni siquiera sabe
si estoy vivo o soy parte
del sillón.
Intento descubrir el momento
en que decide:
conozco este bulto
y lo quiero.
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