Saudade Surf Club

No hay dolores imprecisos.
Ocurren en una mano,
entre dos discos de la columna
o en un trozo de algodón que se separa de una herida.
Pueden aparecer
en una foto vieja
o en una carcajada histérica que nace de un hueco
distinto a los pulmones.
Pero siempre se presentan
con la precisión de un halcón de caza.
El lenguaje del dolor, en su perfección,
no admite ambigüedades.

En cambio, la felicidad o la risa
parecen una temperatura
a punto de escapar el objeto
o el momento que habitan,
por eso es imposible traducirlas.

No hay comentarios: