todos los hombres se parecen
a una de las infinitas
estatuillas de Buda.
Hubo uno que
quizá confiado en su parecido
con el diosito de piedra
mandó a hacer el dibujo
de una mujer que imaginó
y después le ordenó a sus súbditos
encontrarla.
Pero es posible
que ninguna mujer
se parezca realmente a un dibujo.
No se puede dibujar
por ejemplo
la habilidad de enseñarle a un gato
el olor de tu propio cabello
para cobrar venganza.

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