Las canciones
son otros objetos
que usamos mal.
Una canción
se afila durante años
en nuestro interior
mucho antes
de que abramos la boca.
Cuando está lista,
la usamos para hacer una pequeña incisión
en la piel de cada persona
que pasa a nuestro lado.
De esta manera,
uno de los miles
de pequeños rastros de sangre
va a guiar hasta nosotros
a quien nos busca sin descanso.

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