Los miembros de una familia tradicional
pueden darse el lujo de no decirse nada.
Alguien está enferma
nunca dice "estoy enferma"
simplemente se le cuida
sin saber si va a morir o no.
Alguien más se enamora
y se contenta con perseguir
al objeto de su afecto
como un ratón pequeño
en un laberinto que se crea
mientras se recorre
y que no tiene salida.
Alguien sale a dar un paseo
con su vieja cámara de video
del que no piensa volver
sin decir nada
y cuando no vuelve
nadie dice que no volvió.
En lugar de hablar
se reúnen a ver el contenido de la cámara
en el que varios amigos y vecinos posan
y ninguno
dice nada.

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