¿Quién se desea
con más intensidad
que dos rivales
que compiten por el mismo afecto?
¿Quién no ha sido amado
a través de desplantes y berrinches?
¿Quién no fantasea
con que le vean la cara de imbécil
todos los días,
como un perrito
que recibe a su amo ebrio
por millonésima vez
saltando entre muebles,
con la caricia conmovida,
el aroma a alcohol,
la voz melancólica
de alguien que había olvidado
otra vez y por completo,
tu existencia?

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