R dice que me esfuerce más. R es un buen chico, siempre lo ha sido, lo notas desde que lo ves. Encuentro nuestra conversación muy parecida a una llamada por teléfono a medianoche a mi hermano desde un país lejano, desde la cárcel de un país lejano.
R dice que me esfuerce porque puede ser que tenga razón. No sé si estoy hablando con él porque quería escuchar esto desde el principio, porque es una de las pocas personas que sabía que me iba a decir esto.
Las puntas de mis pies se salen de la cornisa. Mi cuerpo se inclina lentamente hacia adelante. He sentido esto cada vez que estoy en una azotea. El problema es que ahora estoy acostado en mi cama, estoy bañándome, estoy tratando de decirle con señas a mi jefe que no tardaré más de cinco minutos en esta llamada que lleva más de media hora. Me siento apenado de que no me importe, siento eso y lo otro, mi cuerpo inclinándose sin remedio.
Estoy equivocado, tengo marcas en todo el cuerpo, las miro constantemente, tenía tantas ganas de que estuvieran ahí. Tengo mucho sueño, quiero dormir en la calle, quiero soñar con el ruido de mil máquinas que no me dejen escuchar nada. Estoy enamorado. Amo mil veces mi dolor. Los sueños, de cualquier manera, han vuelto. Sueño que corro, me lastimé la pantorrilla dormido, me dio miedo. Nunca logro llegar a ninguna parte. Mi subconsciente no es nada creativo.
Jugamos cartas, tomamos whisky, hablamos de la hermana de alguien, de cantantes, de si la tercia mata la corrida. Hablamos de mí, de ella, de estar desesperado. Me arden los ojos y me duelen las articulaciones. Siento cómo mi ingeniería se va debilitando. Me pasa en el camión, en la tienda a donde voy a comprar cigarros, en el lavabo, en la mesa de mi casa, en la calle que tengo que recorrer para llegar a su casa. Los metales se rozan dentro de mí, los líquidos se chorrean, los cables se queman, las manos las manos las manos se quedan inmóviles, sin saber hacia dónde quiero que se muevan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario