Para Avril
Hablo con María. Le digo que estoy jodido porque ya no sé qué pedir. Mi novia y yo terminamos el sábado. Terminamos de manera prolongada hasta la noche de ayer. Duramos una semana, como en la secundaria. María dice que lo disfruto (y si no, que lo disfrute): los desplantes, las despedidas, el despecho. Me hace sentir pendejo porque nada de esto me satisface.
Tuve el peor sueño de mi vida. Le pedí que estuviera conmigo. Me llevó regalos. La llevé a tomar una malteada y le conseguí un globo de estrella azul (casi lo olvida, me hubiera matado verlo ahí hoy en la mañana, en mi cuarto).
No me interesa decir nada. He perdido casi totalmente el interés en escribir, espero que esta sensación se complete en los próximos días. En general, la gente que escribe que conozco es una mierda. Yo quiero jugar fútbol todo el día y fumar y tomar. Quiero ser desempleado y acostarme con Avril sin hacer nada hasta que anochezca.
Me llama la atención haberme tropezado con algo que expresa muy bien cómo me siento hace un par de semanas. Escribo desde la cárcel de un país lejano, desde donde hago llamadas a números que ya no son de la gente que recuerdo.
Como sea, esta historia no se acaba con la muerte de nadie. Tal vez, como Holden Caulfield, alguien finge que le dispararon en el vientre, que se desangra en camino a la terraza del hotel. Mientras tanto, alguien más atraviesa la calle y tiene miedo, siente pánico, de hundirse en el pavimento hasta desaparecer, finalmente no sucede. Somos tú y yo.
1 comentario:
...un abrazo.
Publicar un comentario