Carbono + oxígeno + hidrógeno

Mi casa la habita
el fantasma de una mujer.

Era la tía de un niño y una niña
que corrían en el interior
de todas las habitaciones.

Ellos fueron niños pálidos
que gastaron las paredes
con su risa,
de los que enseñan
a sus padres a tenerle miedo
al silencio.

En el funeral
permanecieron quietos
mirando el cadáver
sin encontrar la valentía
para ir a buscar un palo
y moverlo,
como lo habían ensayado antes
con ratas y palomas.

La fantasma
pasa a mi lado

o se sienta
en la cama

mientras sigo dormido

para vestirse.

Levanta las piernas

moviendo los resortes
del colchón

colocando un par de medias blancas
en sus piernas.

Cuando acaba,
permanece quieta
mirándome.

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