sus sombras
siempre se proyectan hacia adelante,
están los que se parecen a kurt
o a mick
(nadie se parece a john ni a paul,
nadie que yo conozca).
Están las que se inclinan sin hablar,
cuyos músculos parecen palabras en otro idioma
acomodadas una tras de otra
diciendo algo que no puedo entender,
como azafatas en una película,
ellas me dan miedo
porque creo que saben quién soy.
Y está ella
que me recuerda a las peluqueras
de mi infancia,
que parece un panfleto
encontrado entre las páginas
de un libro que nadie
ha sacado de la biblioteca
en veinte años.
Él no existe.
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