No tienes ganas de explicar tu trabajo
ni de mentir.
Dices escribo poemas,
tratando de que las palabras
no tengan ninguna emoción,
evitando cruzar miradas.
Terminan la comida y piden la cuenta
sin hablar más.
La acompañas hasta la puerta de su edificio
donde le haces sexo oral.
No sabes a nada,
es lo último que le dices
antes de besarla en la mejilla
y caminar al metro.
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