Así derrumbamos la estatua de Enrique IV.
Un anciano recorre el barrio
casa por casa
toca la puerta y se arrodilla,
no dice nada, no pide nada, no se va.
Así envenenamos la luz de sol y la música.
Vimos inflarse la cara
de cada burócrata del desamparo
cuando la boca de una adolescente
lo electrocutó.
Así borramos las pisadas de los invasores.
Ejército y enemigo significan lo mismo.
Y también la humedad en el cristal de los aparadores.
Y el aroma de las cabinas porno.
Y cualquier cosa que salga del televisor.
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