Ayer por la tarde,
decidí retirarme del futbol profesional.
Cero minutos en primera división,
cero goles anotados,
cero asistencias,
cero tarjetas amarillas,
cero tarjetas rojas.
En el último mercado de transferencias,
como en los anteriores,
ningún equipo se interesó en mi contrato.
A diferencia de muchos compañeros,
puedo decir con seguridad
que no le debo nada al futbol.
Me entusiasma la idea de continuar mi vida
en el anonimato,
lavar los trastes mientras fumo un cigarro,
dedicarle al insomnio
las horas que necesita para afilarse,
raspar el cuerpo de mi esposa
con el mío.
Lejos de la cancha,
ese jardín donde nunca han crecido flores.
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