Franco es la persona con quien más hablo por teléfono (no nos abrazamos hace más de cuatro años). Los dos somos muy ansiosos y sufrimos bastante nuestras interacciones sociales. Hace poco, me contó una historia que me dio mucha ternura y nos hizo reír juntos. El resumen de la historia (no la voy a publicar completa y provocarle más ansiedad cuando lea esto) es que en un intercambio de mails, la persona con la que dialogaba entendió mal algo que escribió Franco. Para ilustrarlo, utilizaré un ejemplo ficticio, Franco escribió "el cuento victoriano" y su interlocutor entendió que se refería a un cuento cuyo nombre era "Victoriano" que buscó en internet y nunca encontró.
Un error común en cualquier conversación. Visto de manera fría, es un milagro que (a veces) nos comuniquemos, las palabras son herramientas misteriosas y muy bonitas pero con una falla ineludible: el otro. El problema es que Franco no quiso señalar el malentendido para no herir los sentimientos de su amigx y decidió tomar la opción más a la mano que te pone la ansiedad: nunca más volver a escribirle.
Aunque dudo que me haga caso, le recomendé empezar a usar el recurso escrito que utilizo más en mi vida de mensajes de texto: el jajaja (fonéticamente: xˌaxaxˈa).
Regresando al ejemplo ficticio, una respuesta inaceptable para Franco hubiera sido: no, no existe el cuento de nombre Victoriano, por lo menos no uno que yo conozca, me refería al formato de narrativa breve de la época victoriana.
El conflicto en cuestión es, por un lado, la implicación de que la otra persona no leyó con atención, y por otro, haberle hecho perder tiempo precioso de su vida buscando un cuento que ni siquiera existe.
Mi propuesta hubiera sido: jajaja, no, quise decir los cuentos de la época victoriana.
¿Por qué creo que funciona de manera adecuada? Porque convierte ese tránsito en una anécdota graciosa muy común a lo largo de una amistad. ¿Te acuerdas de lo del cuento victoriano? Estuvo muy chistoso.
El jajaja tiene el rango más amplio de cambio de tono e intención en mi repertorio de muletillas de redacción.
Si escribes en Whatsapp:
Estoy deprimido.
El contenido de tu mensaje puede indicarle al receptor que estás atravesando una crisis y necesitas ayuda profesional o por lo menos contención inmediata.
Si en cambio, escribes:
Estoy deprimido, jajaja.
Claramente lo que quieres decir es algo más parecido a: hoy vi una foto con mi ex y quiero emborracharme, ¿a qué hora nos vemos?
Un jajaja lo cambia todo.
Yo creía que no te gustaban las carnitas, jajaja.
En el trabajo se incendió una impresora, jajaja.
Hay como cincuenta policías frente a mi casa, jajaja.
Me voy a casar, jajaja.

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