¿Empezamos a inflar objetos
antes o después de saber con precisión
que nos inflamos y desinflamos
a nosotros mismos más o menos
veintitrés mil veces al día?
Tomamos la materia del aliento
y la hicimos pelotas
que anotan goles
en millones de canchitas del mundo.
La hicimos globos
que los niños revientan con las nalgas
en los juegos de sus fiestas de cumpleaños.
La hicimos muñecas sexuales
que masturban inmóviles con sus vestiditos
a medio desnudar y que limpiamos después
a media luz en el baño.
Queríamos tomar nuestra vida
y meterla en cosas.
Las cosas se hicieron basura
y nos miraron con compasión.

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