Perfect days (2023, Wim Wenders)

Rodrigo y Manuel se burlan

de las fotografías que publico en internet.

Un pedacito de una pared que me gustó,

las hojas de una planta,

una escalera oscura,

la pintura desgastada de un juego mecánico.

Tienen razón,

yo soy tonto así.


Me alegra escucharlos

y comer juntos

mientras recorremos los pasillos infernales

de un videojuego de terror.

Me duele la boca,

tengo miedo del futuro y las deudas

que tengo pendientes sin saberlo.

Sé que, quizá por primera vez,

está bien que escriba

porque también tengo miedo

de escribir.


En la pantalla, un monstruo

sin brazos nos escupe ácido

y yo pienso:

ese mueble detrás del monstruo

se ve muy bonito,

parece de madera,

se ve mejor roto que entero.


    (Quiero decir, ese mueble siempre estuvo roto,

    los diseñadores del juego no lo hicieron nuevo

    y después lo rompieron,

    creo que fue la mejor decisión.)


El monstruo puede matarnos

pero nosotros volveremos a intentar derrotarlo

una y otra vez.

Como la vida, pero al revés.


Si se pudiera,

también sacaría fotografías

del sonido de las risas de mis amigos.




No hay comentarios: