Conocí a Lilico
en un torneo de batallas de rap.
Lxs muchachxs se acercaban
para tomarse fotos con ella.
Al azar,
rechazaba con desplantes a algunxs
y aceptaba amorosa a otrxs.
Perdí en la primera ronda
y me senté a fumar
en el capó de un auto convertible.
Lilico me pidió un cigarro,
me preguntó qué tan difícil
es rapear.
No sé, a lo mejor por eso perdí.
Soltó una carcajada tan grande y sonora
que distrajo al camarada
que soltaba sus barras en ese momento.
Fumamos, uno al lado del otro.
Ella discutía por los mensajes de su celular
y soltaba alguna grosería de vez en cuando.
Se aburrió y me pidió que me bajara
de su auto para poder irse.
Antes de cerrar la puerta
me preguntó al oído si quería ganar
el siguiente torneo.
Sin esperar mi respuesta,
me apagó la colilla del cigarro en el cuello
y se fue.

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