El otro día escuché a C6H5COONa hablar del fuego

Dijo un poema del fuego
Y del fonema /f/.

Me hizo pensar que lo que toca
el /fwˈeɣo/
deja de existir al instante
en el presente.

Solo queda su marca,
lo que toca el /fwˈeɣo/
ya no es,
/fwˈe/.

No tiene espacio
dentro,
se queda
/fwˈeɾa/
sin remedio.

Mi mejor amiga de la secundaria 
tenía una hermana muy noviera.
Mi amiga jugaba a adivinar
con cuáles de los chicos
de la escuela
había salido su hermana.
Nunca falló,
como si les quedara
una marca en la frente.
Su hermana
era el /fwˈeɣo/.

Los muchachos
convertidos en zombies
deambulaban por los pasillos
y ocupaban sus bancas en los salones
sin saber que ya los habíamos olvidado.

Nosotros nos iremos también.
Todo, al final,
pertenece al /fwˈeɣo/.

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