Se me ocurrió
que había descubierto la relación
entre el acto negligente de no pedir la carta
calentar el aceite
hacer girar el abrelatas
apretar dos veces Inicio rápido en el
microondas
y acariciar los muslos de alguien más
hasta cansarse y acalambrarse los dedos.
Empecé a sospechar
que la sensación de angustia en el vientre
que me había preocupado toda la vida
había sido inventada por alguien más.
Me di cuenta de que me gustaba el sabor
de mis labios secos
y los pedazos que me arranco constantemente
con los dientes,
supe que no necesitaría otra cosa
hasta mi muerte.
Me quedaría en la cama donde estaba
con otro cuerpo hambriento, caliente y feliz
para siempre.
El Pez dorado está escuchando:
Ezeiza de 2 minutos
1 comentario:
man!!!!!!!!!
qué te escibro, cabrón
sí, este cambio puede ser una borboleta (así se llama la maestra de capoeira del neneo, a él le pusieron macaco)
leo en un bló belga que estos días de noviembre son invisibles
creo que tiene razón ese autor
jajjaja estoy en mi etapa dejo comments kilométricos
Publicar un comentario