See how vague language can pretend to be.See how exact intention is.Mary Jo Bang
Saussure, con la valentía y el aplomo de una deidad menor, dijo: hay significado y hay significante. Desde entonces, ha hecho felices a muchas personas como yo, que nos encanta todo lo que se puede explicar a partir de un dibujito.
Como cualquier diagrama que valga la pena, el del signo lingüístico es muy bonito porque su apariencia es engañosamente sencilla. Una forma de explicarlo es que el significante es una ejecución o imagen sonora y el significado es un concepto que le corresponde. Es decir, a la palabra bicicleta le corresponde al vehículo que todos llamamos bicicleta. Esto nos puede llevar a la rápida conclusión de que un signo lingüístico es una palabra, dividida entre su ejecución y lo que en la realidad existe y tiene asignada esa palabra. Este viaje simple se convierte en una espiral sin fondo cuando uno empieza a hacer preguntas como "¿por qué existen palabras como arcángel o unicornio que no corresponden a nada real?" o "¿por qué hay palabras que tienen asignadas varias cosas reales (como palo) o cosas reales que tienen asignadas varias palabras (como los vehículos de transporte colectivo para muchos pasajeros)?". Claro que Saussure y muchas personas después de él, se han preguntado esas cosas con respuestas muy interesantes. Hace poco, leía un libro de Mario Montalbetti en el que entendí como nunca antes que lo que Saussure llama "significado" no es un objeto sino todo lo diferente a lo que no es el objeto en cuestión, por decirlo de alguna manera (un gato no sería el conjunto de características que llamamos gato, sino el resultado de la sustracción de lo posible de todo lo que no es un gato). Una cosa muy linda que dijo Saussure en algún momento es que es muy ingenuo pensar en la lengua como una hoja de papel, en la que puedes recortar el significante "caballo" y del otro lado obtener exactamente el total de concepto "caballo", haciéndolo inaccesible a otros significantes (otras palabras).
Cuando terminé de ver la serie Shogun (no he leído el libro), se me quedó una espinita clavada en la cabeza. La serie ocurre en Japón y el protagonista es un navegante inglés. Gran parte del drama en la pantalla tiene su origen en que nadie le entiende al güero hasta que le asignan una intérprete que puede y quiere transmitir lo que dice. Por supuesto, los diálogos tanto de japoneses como del güero están subtitulados. Descubrí que lo que me molestaba era que yo entendía (a través de los subtítulos) sin dificultad lo que todo el mundo decía. Hay muchas películas en las que ocurre esto, pero quizá por el énfasis particular de Shogun, nunca antes me había llamado la atención. Pensaba: sería mejor que solo los japoneses estuvieran subtitulados. Luego: mejor que solo el güero estuviera subtitulado. Por supuesto, cualquiera de estas dos opciones hubiera sido imposible porque nadie en su sano juicio hubiera visto la serie.
Siempre he coincidido con la opinión de que traducir es imposible. Es decir, que transportar el sentido de algo dicho en una lengua a otra lengua es una tarea destinada al fracaso. El oficio del traductor es quizá el más noble dentro de la redacción porque es una misión suicida. Por poner un ejemplo bobo, el título de la canción de The Libertines: What became of the likely lads?, podría traducirse como ¿Qué ocurrió con los muchachos probables? Cualquier traductor se daría cuenta de que esto es un error, ya que el título hace alusión a un programa de televisión llamado The likely lads. Enfrentado a esto, quizá propondría ¿Qué ocurrió con los Likely lads? o ¿Qué ocurrió con los muchachos de Más que amigos? si quisiera atender a la traducción al español del programa en su época. En todo caso, es muy probable que juzgara pertinente hacer uso de un pie de página para explicar el embrollo. Una frase de seis palabras parece increíblemente difícil de traducir porque lo es. Hay que agradecer el heroísmo de todos esos traductores que tienen un trabajo equivalente a evitar la muerte o hacer que los planetas giren en sentido opuesto.
Después de mucho pensar, me di cuenta que el fenómeno de los subtítulos de Shogun me parece un interesante dilema como "nivel de lenguaje". Si un traductor de textos puede recurrir a pies de página y otros recursos, el traductor de obras audiovisuales se enfrente a la misma tarea imposible pero con la necesidad de hacer que el tiempo de lectura coincida con la velocidad de los diálogos (siendo un ignorante del coreano, me da la impresión que este reto de la velocidad es especialmente difícil en sus obras, por ejemplo).
El diagrama de Saussure, con sus laberintos interiores, aplica a UNA lengua. Es decir, describe una lógica aplicable a cualquier lengua individual. ¿Qué son los subtítulos de Shogun? ¿Cómo ubicar los diálogos de dos lenguas, traducidos simultáneamente a una tercera lengua? Estoy seguro que los profesionales consumados del subtitulaje (incluyendo a los ídolos que lo hacen de manera comunitaria sin retribución financiera) no pierden el tiempo con estas preguntas y me alegra mucho.
Volviendo al diagrama, el significado obviamente sería el mismo, el significante su ejecución sonora y quizá habría que hacer un espacio para el subtitulaje o cualquier otro proceso parecido (no necesariamente toda la traducción pero seguramente parte de la traducción). Un nivel en el que de esa hoja de papel imposible descrita por Saussure, quizá se haga una copia al carbón que imitara al lado del significante, buscando lograr la ilusión de que se trata de un espejo apenas difuso.
Ya llegado a este punto, me entusiasmé al recordar el doblaje latinoamericano de Los Simpson (que desde su título ya nos entrega la interesante y lógica variación al plural de The Simpsons). El doblaje latinoamericano ha sido la gloria de muchos programas porque es común que se plantee una tarea todavía más difícil (sí, más difícil que lo imposible): arrancar el significado de su lengua y atarlo a otra, un tipo de trasplante de cerebro lingüístico. Los Simpson es la serie que me viene a la mente porque es imposible borrar de mi memoria a Homero cantando "que sí, que no, que macalacachimba, que sí, que no, el chafirete" o tan solo gritar "me quiero volver chango" en claras divergencias profundas con el material de origen.
En mi opinión, este juego de significación tiene su cumbre transitoria en el meme. Por lo menos, en un tipo específico de meme. Un buen punto de partida para los memes podría ser la división entre contextuales y no contextuales. Quizá conocer a Mads Mikkelsen sea necesario para disfrutar de su "joder, esto es cine" pero los screenshots del video Hotline Bling de Drake son apenas un accesorio fácilmente sustituible en el meme con su imagen más celebre (y menos infame) de internet. Cuando un meme logra descontextualizarse por completo, quizá baje un poco más en esta escalera, dándonos como resultado:
No creo que mi chiste le gustara a Saussure, pero es mi pequeño homenaje a su hermosa persona.


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