No estoy
realmente exhausto,
solo vacío
como las botellitas
de plástico
que van flotando
en el océano
hacia el puerto
de la extinción humana.
Una armada de miles
de barquitos de guerra
con los nombres repetidos
cocacola pepsi sevenup
que haría palidecer
a Felipe II.
Estoy vacío
pero no está mal.
Las cosas vacías
también tienen derecho
de existir,
las juntas de trabajo,
las comidas en los food courts,
y hay algunas
incluso muy bonitas,
las catedrales abandonadas
que los chicos en patinetas
van llenando de grafitis.
La hierba y las náuseas
se van colando
a través de grietas,
pequeñas fallas
en la fachada
y los cimientos.

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