Un hombre con una peluca ridícula
colecciona historias,
su esposa ofrece peras
a cambio.
El hombre cumple con el trabajo
de hacer sonar una campana
tres veces al día.
Una labor burocrática
sin sueldo
que sus vecinos aborrecen.
Antes de entregarse a este oficio,
fue tu mejor amigo,
se emborracharon juntos,
bailaron con la misma jovencita en una fiesta,
le prestaste una camisa que nunca devolvió.
Todavía no sabes a qué se dedica ahora,
a veces despiertas
con un sabor urgente a peras en la boca
que te hace sentir insatisfecho con tu vida
sin podértelo explicar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario